Contra hechos no hay argumentos, ya lo dice el refrán popular. Y cuando el asunto es el aborto, los hechos se comprueban por estadísticas, como la del Instituto Guttmacher, divulgada recientemente, que afirma que alrededor de 70 mil mujeres mueren por año en el mundo, víctimas de abortos clandestinos.

Estupro, pedofilia, embarazo precoz, violencia doméstica, entre otros, son algunos de los factores que han llevado a mujeres y adolescentes a buscar clínicas clandestinas para poner fin a un embarazo no deseado, sometiéndose a procedimientos riesgosos, debido a la falta de condiciones hospitalarias adecuadas para atenderlas, principalmente en caso de que se presente alguna complicación.

Siempre digo que estoy a favor del aborto, no de forma indiscriminada, sino en determinadas circunstancias. No hago esto para declararle la guerra a ninguna religión o parte de la sociedad que está en contra del procedimiento. Tengo esta opinión principalmente porque la fe que profeso me impide exaltar la hipocresía. El aborto no es la causa del problema, es el efecto. El problema comienza antes, en la falta de información, principalmente en las clases financieramente menos favorecidas; en la falta de acciones preventivas; en la cantidad innumerable de cuestiones sociales que han provocado la destrucción de hogares y la banalización de la familia.

Diversas manifestaciones sociales, políticas y religiosas condenan la legalización del aborto, en nombre de la "defensa de la vida", pero parecen ignorar o no dar el mismo valor a la vida de los niños que nacieron sin ser deseados o en familias que no tienen la más mínima condición de criarlas, y que andan por ahí, revolviendo la basura para alimentarse, expuestas a todo tipo de violencia en la calle. Tampoco parece importarles la vida de niñas y mujeres que mueren diariamente en clínicas clandestinas de aborto.

Las banderas y carteles que estas personas e instituciones levantan contra el aborto les cubren la visión y les impide ver la verdad de los hechos. Las mujeres no van a salir por ahí aumentando el número de abortos, si la legislación aprueba el procedimiento y deja de considerarlas criminales. Nadie deja de abortar porque está prohibido por la ley. Lo que sí puede suceder es una notoria disminución del índice de mortalidad femenina y del número de niños pobres, desnutridos y víctimas de todo tipo de abuso por ser pobres y estar abandonados.

Para los que creen que no hay fundamento bíblico en lo que digo, cito el momento en el que el Señor Jesús se sentó a la mesa con Sus discípulos para celebrar la última cena, antes de ser torturado y morir. Él anunció que allí estaba presente quien Lo traicionaría, y sentenció: "A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido." (Mateo 26:24).

A mi entender, esa última frase puede ser interpretada como: sería mejor que Judas hubiera sido abortado. Mejor que el futuro de su alma.

Lea también:

* - ¿Abortar una vida?
* - Aborto
* - ¿Un aborto no sería mejor?

Compartir y Disfrutar:
  • Facebook
  • StumbleUpon
  • Tumblr
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • MySpace
  • Live
  • Netvibes
  • Technorati
  • Yahoo! Buzz
  • del.icio.us
  • Yigg
  • MSN Reporter

Publicado por: Obispo Edir Macedo


Compartir y Disfrutar:
  • Facebook
  • StumbleUpon
  • Tumblr
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • MySpace
  • Live
  • Netvibes
  • Technorati
  • Yahoo! Buzz
  • del.icio.us
  • Yigg
  • MSN Reporter

Publicado por: Obispo Edir Macedo


Vencer a los amalequitas, madianitas, así como también a los pueblos de Oriente, era algo imposible. El número de enemigos era incontable, como la arena del mar. Por eso, Dios escogió a Gedeón, que estaba indignado. Los indignados son valientes y corajudos y, con Dios, se convierten poderosos en la guerra.

El indignado tiene el poder de vencer el mal que ha prevalecido, por más poderoso que diga ser. Su arma es su FE, MANIFESTADA A TRAVES DEL SACRIFICIO. Descendiendo del altar, después de haber hecho el sacrificio, él se hace fuerte. El sacrificio es la unión de la fuerza del indignado con el poder de Dios. En verdad, su sacrificio es señal de su sociedad con Dios.

La señal de la indignación y de la sociedad de Gedeón con Dios fue el segundo buey. Pues, es todo o nada – lo que no puede pasar es que prevalezca el enemigo. El indignado se conoce en el campo de batalla; su visión es ganar la guerra.

La visión de quien está acomodado es una mejoría. Por eso, termina perdiendo todo. Si ningún acomodado vence siquiera una batalla, cuánto más una guerra.

¡Dios está llamando a los valientes a la guerra!

Obispo Romualdo Panceiro

Compartir y Disfrutar:
  • Facebook
  • StumbleUpon
  • Tumblr
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • MySpace
  • Live
  • Netvibes
  • Technorati
  • Yahoo! Buzz
  • del.icio.us
  • Yigg
  • MSN Reporter

Publicado por: Obispo Edir Macedo


El hábito de hacer las cosas siempre de la misma forma ha atado la vida de mucha gente. Sea en el aspecto profesional, en el matrimonio y hasta incluso en la fe.

Sin embargo, no existe rutina cuando se vive por la fe, así como no existe rutina en el matrimonio cuando se ama de verdad.

La vida por la fe exige un continuo sacrificio, así como, la vida de a dos exige sacrificio de ambos.

Cuando se vive por la fe, se depende del Espíritu de Dios; cuando se depende de Él, se vive por la fe. Lo mismo sucede en relación al matrimonio. Cuando se ama de verdad, hay una dependencia mutua, hay paz y armonía, respeto, consideración y fidelidad.

Muchos han usado la fe como herramienta de confort espiritual en el momento de morir. No para conquistas personales. Se someten a los fracasos por la “fe” en el sufrimiento de la cruz, en las pruebas, en el karma y en el destino. Ignorando las Promesas Divinas se dejan llevar por esos sacrilegios sin cuestionar.

Quien tiene el Espíritu de Dios está indignado contra las injusticias y males de este mundo, y jamás se conforta, consuela o acomoda con ellas.

Compartir y Disfrutar:
  • Facebook
  • StumbleUpon
  • Tumblr
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • MySpace
  • Live
  • Netvibes
  • Technorati
  • Yahoo! Buzz
  • del.icio.us
  • Yigg
  • MSN Reporter

Publicado por: Obispo Edir Macedo


Un hombre rico estaba muy mal, agonizando. Pidió papel y lapicera, y escribió esto: “Dejo mis bienes a mi hermana no a mi sobrino jamás se pagará la cuenta del panadero nada doy a los pobres”.

Murió antes de poner los puntos. ¿A quién le dejaba la fortuna? Eran cuatro competidores.

1) El sobrino puso la siguiente puntuación:
¿Dejo mis bienes a mi hermana? ¡No! A mi sobrino. Jamás se pagará la cuenta del panadero. Nada doy a los pobres.

2) La hermana llegó enseguida. Puntuó así el escrito:
Dejo mis bienes a mi hermana. No a mi sobrino. Jamás se pagará la cuenta del panadero. Nada doy a los pobres.

3) El panadero pidió una copia del original. Tiró la brasa para su sardina: ¿Dejo mis bienes a mi hermana? ¡No! ¿A mi sobrino? ¡Jamás! Se pagará la cuenta del panadero. Nada doy a los pobres.

4) Ahí, llegaron los pobres de la ciudad. Uno de ellos, entendido, hizo esta interpretación:

¿Dejo mis bienes a mi hermana? ¡No! ¿A mi sobrino? ¡Jamás! ¿Se pagará la cuenta del panadero? ¡Nada! Doy a los pobres.

Moraleja de la historia:
La vida puede ser interpretada y vivida de diversas formas. Nosotros somos los que ponemos la puntuación. Y eso hace toda la diferencia.

En lo que respecta a la fe, Dios ya nos dio el cheque firmado con el está escrito. Le cabe al que cree llenar el cheque con lo que quiere.

¿Qué quieres que te haga? Jesús.

Compartir y Disfrutar:
  • Facebook
  • StumbleUpon
  • Tumblr
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • MySpace
  • Live
  • Netvibes
  • Technorati
  • Yahoo! Buzz
  • del.icio.us
  • Yigg
  • MSN Reporter

Publicado por: Obispo Edir Macedo


Compartir y Disfrutar:
  • Facebook
  • StumbleUpon
  • Tumblr
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • MySpace
  • Live
  • Netvibes
  • Technorati
  • Yahoo! Buzz
  • del.icio.us
  • Yigg
  • MSN Reporter

Publicado por: Obispo Edir Macedo


Aquella noche, mientras mi esposa servía la cena, tomé su mano y le dije: “Tengo algo importante para decirte”. Ella se sentó y cenó sin decir una palabra. Pude ver sufrimiento en sus ojos.

De repente, yo también me quedé sin palabras. Sin embargo, yo tenía que decirle lo que estaba pensando. Quería el divorcio. Y abordé el asunto con calma.

Ella no parecía irritada por mis palabras y simplemente me preguntó en voz baja: “¿Por qué?”

Evité responderle, lo que la enojó mucho. Tiró lejos los cubiertos y gritó: “¡No eres hombre!”. Esa noche, no hablamos más. Pude escucharla llorando. Sabía que ella quería un motivo para el fin de nuestro matrimonio. Pero no tenía una respuesta satisfactoria para esa pregunta. Mi corazón no le pertenecía más a ella, y sí a Jane. Simplemente no la amaba más, estaba apenado por ella.

Sintiéndome muy culpable, esbocé un acuerdo de divorcio, dejándole la casa, nuestro auto y el 30% de las acciones de mi empresa.

Ella quitó el papel de mis manos y lo rompió violentamente. La mujer con la que viví durante los últimos 10 años se convirtió en una extraña. Me dolió ese desperdició de tiempo y energía, pero no volvería atrás con lo que había dicho, pues amaba a Jane profundamente. Finalmente, ella comenzó a llorar frente a mí, lo que era esperado. Me sentí liberado mientras ella lloraba. Mi obsesión por el divorcio en las últimas semanas finalmente se materializaba y el final estaba más cerca ahora.

Al día siguiente, llegué tarde a casa y la encontré sentada a la mesa, escribiendo. Yo no cené, fui directo a la cama y me dormí inmediatamente, pues estaba cansado después de haber pasado el día con Jane.

Cuando desperté en medio de la noche, ella todavía estaba sentada a la mesa, escribiendo. La ignoré y volví a dormir.

La mañana siguiente, ella me presentó sus condiciones: no quería nada de mí, pero me pedía un mes de plazo para darme el divorcio. Me pidió que durante los siguientes 30 días intentáramos vivir juntos de la forma más natural posible. Sus razones eran simples: nuestro hijo tendría exámenes al mes siguiente y necesitaba un ambiente propicio para prepararse bien, sin los problemas de tener que lidiar con la separación de sus padres.

Eso me pareció razonable, pero ella le agregó algo. Me recordó el momento en que la cargué hacia el interior de la casa el día en que nos casamos, y me pidió que durante los próximos 30 días la cargase hacia afuera todas las mañanas. Yo, entonces, percibí que estaba totalmente loca, pero acepté su propuesta para no hacer mis próximos días todavía más intolerables.

Le conté a Jane el pedido de mi esposa y ella se rió mucho y encontró muy absurda a la idea. “Ella piensa que poniendo condiciones va a cambiar algo; mejor que encare la situación y acepte el divorcio”, dijo Jane, en tono sobrador.

Mi esposa y yo no teníamos ningún contacto físico hacía mucho tiempo, entonces, cuando la cargué hacia fuera de la casa el primer día, fue algo totalmente extraño. Nuestro hijo nos aplaudió diciendo: “Papá está cargando a mamá en el cuello”. Sus palabras me apretaron el corazón. Del cuarto a la sala, de la sala a la puerta de entrada de casa, debo haber caminado unos 10 metros cargando a mi esposa en el cuello. Ella cerró los ojos y me dijo bajito: “no le digas a nuestro hijo sobre el divorcio”. Moví la cabeza, aunque no estaba de acuerdo y entonces la puse en el suelo apenas cruzamos la puerta de entrada de la casa. Ella fue a tomar el autobús hacia el trabajo y yo me fui a mi oficina.

El segundo día, fue más fácil para los dos. Ella se apoyó en mi pecho, yo sentí el aroma del perfume que ella usaba. Entonces me di cuenta de que hacía mucho tiempo que no le prestaba atención a esa mujer. Ciertamente había envejecido en estos últimos 10 años, había arrugas en su rostro, su cabello se estaba poniendo fino y grisáceo. Nuestro matrimonio la impactó mucho. Por unos segundos, llegué a pensar en lo que había hecho para que ella llegue a ese estado.

El cuarto día, cuando la levanté, sentí una intimidad mayor con su cuerpo. Esa mujer me había dedicado 10 años de su vida.

El quinto día, lo mismo. No le dije nada a Jane, pero cada día era más fácil cargarla de nuestro cuarto a la puerta de casa. “Tal vez mis músculos estén más firmes con el ejercicio”, pensé.

Cierta mañana, ella estaba intentando elegir un vestido. Se probó varios, pero no encontraba uno que sirviera. Con un suspiro, dijo: “Todos mis vestidos son grandes”. Entonces me di cuenta de que ella había adelgazado bastante, de ahí la facilidad en cargarla los últimos días.

La realidad cayó sobre mi con una punta de remordimiento. Ella carga tanto dolor y tristeza en su corazón… Instintivamente, estiré mi brazo y toqué sus cabellos.

Nuestro hijo entró en la habitación en ese momento y dijo: “Papá, es la hora de que cargues a mamá”. Para él, ver a su padre cargar a su madre todas las mañanas se convirtió en parte de la rutina de la casa. Mi esposa abrazó a nuestro hijo y lo tomó en sus brazos por algunos largos segundos. Tuve que alejarme, temiendo cambiar de idea ahora que estaba tan cerca de mi objetivo. Enseguida, la cargué en mis brazos, del cuarto a la sala, de la sala hacia la puerta de entrada de casa. Su mano descansaba en mi cuello. La apreté fuerte contra mi cuerpo. Recordé el día de nuestro casamiento.

Pero su cuerpo tan flaco me entristeció. El último día, cuando la tomé en mis brazos, por algún motivo no podía mover mis piernas. Nuestro hijo ya se había ido a la escuela y yo me vi pronunciando estas palabras: “No me di cuenta de cuánta intimidad perdemos con el tiempo”.

No pude ir hacia el trabajo. Fui hasta mi nueva dirección, salí del auto apurado, con miedo de cambiar de idea. Subí las escaleras y golpeé la puerta de la habitación. Jane abrió la puerta y le dije: “Disculpa, Jane. Ya no quiero divorciarme”.

Ella me miró sin creerlo y tocó mi cabeza: “¿Tienes fiebre?”. Saqué su mano de mi cabeza y repetí: “Disculpa, Jane. No voy a divorciarme. Mi matrimonio se hizo aburrido porque nosotros no supimos valorar los pequeños detalles de nuestra vida y no por falta de amor. Ahora percibí que desde el día en que cargué a mi esposa, el día de nuestro casamiento, a nuestra casa, debo aferrarme a ella hasta que la muerte nos separe”.

Jane se dio cuenta de que era en serio. Me dio un cachetazo, cerró la puerta en mi cara y pude oírla llorando compulsivamente. Volví al auto y me fui a trabajar.

En la florería, de regreso a casa, compré un buqué de flores para mi esposa. La vendedora me preguntó qué me gustaría escribir en la tarjeta. Sonreí y escribí: “Te cargaré en mis brazos todas las mañanas hasta que la muerte nos separe”.

Aquella noche, cuando llegué a casa, con un buqué de flores en la mano y una gran sonrisa en el rostro, fui directo a nuestro cuarto, donde encontré a mi esposa acostada en la cama, muerta.
Mi esposa tenía cáncer y venía tratándose hacía varios meses, pero yo estaba muy ocupado con Jane para percibir que algo andaba mal con ella. Ella sabía que moriría en poco tiempo y quiso proteger a nuestro hijo de los efectos del divorcio, y prolongó nuestra vida juntos, proporcionando a nuestro hijo la imagen de sus padres juntos todas las mañanas. Por lo menos a los ojos de mi hijo, soy un marido cariñoso.

Los pequeños detalles de nuestra vida son lo que realmente cuenta en una relación. No es la mansión, el auto, las propiedades, el dinero en el banco. Estos bienes crean un ambiente propicio para la felicidad, pero no proporcionan más que confort. Por lo tanto, encuentre tiempo para hacerse amigo de su esposa; hagan pequeñas cosas el uno para el otro para mantenerse próximos e íntimos. ¡Tengan un matrimonio real y feliz!

Si usted no comparte esto con nadie, no le va a suceder nada.

Pero si elige enviárselo a alguien, tal vez salve un matrimonio.
Muchos fracasado en la vida son personas que no se dieron cuenta de que estaban muy cerca del éxito y prefirieron desistir.

Compartir y Disfrutar:
  • Facebook
  • StumbleUpon
  • Tumblr
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • MySpace
  • Live
  • Netvibes
  • Technorati
  • Yahoo! Buzz
  • del.icio.us
  • Yigg
  • MSN Reporter

Publicado por: Obispo Edir Macedo


Hecho en 2002:
Lula es humillado en la Folha

Durante un discurso en Campo Grande, en Mato Grosso do Sul, el presidente Lula hizo una revelación: en la elección del 2002, fue a almorzar con la dirección del Grupo Folha y se sintió humillado con las preguntas que le hicieron sobre su bajo nivel de escolaridad. Lula dijo que las preguntas ofensivas fueron hechas por uno de los herederos, dueño del periódico Folha de S. Paulo.

Por esa razón, abandonó el almuerzo con la familia Frias y los demás directores.

Y nunca más fue a almorzar con ningún otro dueño de un periódico.

Se emocionó al contar esto el pasado miércoles.

Este es Lula.

Hecho en 2010: el 79% de los brasileños aprueban la gestión de Lula. En toda la historia del Brasil nunca hubo un presidente tan exitoso.

Conclusión:

"... y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es" (1 corintios 1:28)

Compartir y Disfrutar:
  • Facebook
  • StumbleUpon
  • Tumblr
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • MySpace
  • Live
  • Netvibes
  • Technorati
  • Yahoo! Buzz
  • del.icio.us
  • Yigg
  • MSN Reporter

Publicado por: Obispo Edir Macedo


La indignación es energía. Sirve para el bien o para el mal, depende de quien la comande. La mayoría de las personas indignadas ha usado esa fuerza para el mal. El joven indignado con problemas familiares se inclina hacia las drogas y hasta la criminalidad. La persona en un callejón sin salida usa la indignación para suicidarse. El traicionado usa su indignación para vengarse de quien lo traicionó. Así. Cada uno usa su indignación como combustible.

El indignado es contradictorio cuando usa su fuerza para el mal. Por eso asume su posición de perdido y exterioriza su indignación en forma de odio.

¡Imagine esa indignación al servicio de Dios! El resultado será la exteriorización del odio contra las fuerzas espirituales del mal, causantes de las injusticias. Con la dirección Divina, ese poder no sólo va a revertir su propia situación, sino la de toda la colectividad. O sea, la indignación, cuando se usa en sociedad con Dios, promueve el bienestar personal y de los familiares. ¿Cómo? Permitiéndose ser poseído por el Espíritu de Dios.

Haga una prueba. Ponga su indignación al servicio de Dios. ¡Su indignación despertará la fe pura y usted será un vencedor!

Compartir y Disfrutar:
  • Facebook
  • StumbleUpon
  • Tumblr
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • MySpace
  • Live
  • Netvibes
  • Technorati
  • Yahoo! Buzz
  • del.icio.us
  • Yigg
  • MSN Reporter

Publicado por: Obispo Edir Macedo


Compartir y Disfrutar:
  • Facebook
  • StumbleUpon
  • Tumblr
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • MySpace
  • Live
  • Netvibes
  • Technorati
  • Yahoo! Buzz
  • del.icio.us
  • Yigg
  • MSN Reporter

Publicado por: Obispo Edir Macedo


Página 1 del 4212345102030...Última »